Las últimas semanas han sido intensas y emocionantes. Al trabajo diario añadimos los días pasados en Battambang, Camboya, identificando un proyecto educativo que tendrá como beneficiarias a mujeres sin recursos de aldeas cercanas a la ciudad.
Gracias a al trabajo mano a mano con nuestros socios locales, la ONG The Coconut Water Foundation (CWF), nos hemos acercado a la realidad de ese país azotado por los años de guerra y dictadura atroz. La esperanza no abunda en este llegar en el que alrededor del 70% de la población tiene menos de 35 años, ya que el régimen de los jemeres rojos y, en menor medida, los constantes conflictos con los vecinos Vietnam y Tailandia arrasaron con casi una generación de camboyanos. Hoy, la zona en la que trabajan nuestros socios sigue siendo un área rural que mayoritariamente malvive de las plantaciones de arroz.
Siguiendo las estimaciones de CWF, optamos por trabajar con mujeres principalmente por dos razones. La primera, porque ellas son las principales víctimas de la situación que vive el país. Viudas, abusadas, maltratadas, sin educación primaria en muchos casos y sin posibilidad de formarse y casi invisibles para la sociedad en general que padece y fomenta un machismo extremo. La segunda razón es que estas mujeres son el pilar de sus hogares. Madres en muchos casos de seis o siete hijos, pobres y sin acceso a recursos que les permitan encontrar nuevas vías para salir adelante. Así que trabajar con ellas es trabajar por el futuro, el suyo, el de sus hijos, el de sus aldeas.
Así que estos días hemos estado con ellas. Escuchándolas, tratando de entender cuáles son sus problemas y buscando con
ellas las mejores vías para darles respuesta, siempre con y desde ellas. Ha sido un trabajo interesante y muy intenso en el que han participado tanto las mujeres, protagonistas de lo que podrá ser un próximo proyecto, como otras personas con responsabilidades que les afectan (jefes de las aldeas, responsables de educación de la región, otras mujeres “consejeras” en las aldeas…).
Para Almenara el proceso de identificación de cada proyecto es clave. Es ahí donde entendemos qué ocurre, y, junto con los beneficiarios y los socios locales, buscamos de manera conjunta y participativa respuestas aplicables y gestionables con la implicación de todos. Estos procesos, que son largos y complicados, son la base de lo que después son los proyectos que apoyamos y marcan en muchas ocasiones la eficacia de las intervenciones. Por eso les dedicamos tiempo y esfuerzo.
Así que ahora, una vez celebradas las sesiones en el terreno, seguimos trabajando con nuestros socios, CWF, en el análisis de la información obtenida y la concreción de la mejor vía para trabajar con las mujeres de las aldeas de Battambang.